Tras la generoso recolecta de los humildes bateyes. Pablo Martín, Mercedito Martir, Yoni Tusen y yo mismo, montamos todos los medicamentos en una guagua y nos fuimos a Haití a entregarlos personalmente. Sin un objetivo claro para quedarnos en Haití durante una semana cruzamos la frontera y dejamos a Yeral al mando de todo en Guaymate.

En Haití nos ubicamos en el Seminario Jesuita de Tabares en Puerto Principe. Un seminario que en cuestión de 8 días se había transformado en un centro de acopio de material de emergencia (Comida, medicamentos, jabones, leche…) y en un campo de refugiados para todo tipo de voluntarios (médicos, logistas) y familias alrededor de 30 familias que no tenían lugar donde vivir.

Durante 8 dias, nuestro trabajo se ha centrado en organizar la recogida de comida y todo tipo de materiales que viene de multiples donaciones de RD en camiones gigantescos. Después, de organiazar y ordenar lo inclasificlabe, recibiamos a grupos de comités de base, que nos solicitaban comida para 100, 300, 1000 o hasta 3000 personas.

Los comités han sido para nosotros una gran apuesta para dinamizar la participación del pueblo en la resolución de su situación. Son muchas las voces que reclaman la necesaria participación, vinculación del pueblo y el Estado Haitiano en la resolución de la catastrofe. La usurpación del aeropuerto por parte del gobierno Estadounidense, la apropiación de la autoridad nacional por parte de organizaciones de ayuda humanitaria y de gobiernos, no hace más que generar más dependencia y se convierte en una trampa a largo plazo.

Así que toda iniciativa que promueva la organización del pueblo, el control de las decisiones desde la calle, contando con las opiniones de los que viven en el lugar creemos que es la más correcta y adecuada.

Hemos de tener en cuenta que la nueva dieta a base de comida enlatada, y de productos desconocidos para los haitianos hasta ahora puede ser un cuchillo de doble filo. Ayuda al hambre de ahora, pero genera un nuevo tipo de contaminación no degradable. Tal vez se podría ofrecer comida en grano (arroz y habichuelas fundamentalmente) tal y como nos comentaban los Jesuitas.

De lo que más nos ha sorprendido ha sido la ingente necesidad de lonas y material de acampada. La lluvia se ha convertido en el nuevo enemigo de los miles de indigentes y heridos que no tienen un techo donde cubrirse. Así que si disponemos de ayuda queremos invertirla en materiales duraderos que puedan ofrecer una mejora sustancial en las condiciones de vida de los refugiados a medio plazo.

Esto sólo acaba de empezar.

Aqui podeis ver una recopilación de fotos de esta experiencia:  http://www.youtube.com/watch?v=W-MLy7jONUE

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